Patagonia es, quizás, una de las últimas regiones que transmiten la sensación de que aún tienen que ser exploradas. A excepción de algunas pequeñas motas de civilización, repartidas en forma de pequeñas ciudades y pueblos, los 2.000 Km que van desde el río Colorado, en Argentina, al extremo sur de Tierra del Fuego, están dominados la soledad y una naturaleza salvaje, casi dejada de la mano de Dios. No hay mejor lugar en el mundo para perderse y, al mismo tiempo, reencontrarse.
La variedad de sus paisajes -que van desde la típica escena alpina, rivalizando en belleza con los mismísimos Alpes, a la estepa más dura y desangelada- son un reclamo espectacular para quien busca aventura en estado puro. La mía daba comienzo en la región de los lagos chilenas, más concretamente en Pucón, punto de inicio de un viaje sin demasiada planificación, hecho sobre la marcha, más allá de un único destino turístico que tenía muy claro que quería visitar, el Perito Moreno.
Pucón
Pucón es llamada la capital de la aventura de Chile por la ingente oferta de actividades y deportes outdoor que concentra a sus alrededores. La actividad estrella del lugar es la ascensión al Villarrica, volcán más activo de Sudamérica y uno de los más activos del mundo. El segundo día de viaje y justo después de llegar a Pucón previa escala en Santiago de Chile ya estaba subiendo el imponente volcán en un radiante pero frío día primaveral, con las laderas del volcán aún rebosantes de nieve, gracias a un invierno austral -el de 2022- muy generoso en nevadas.

Otro de los planes qu no pueden faltar en Pucón en primavera y/o verano es el rafting del Trancura, conocido por ser uno de los mejores de la Patagonia, con rápidos de clase 4 y 5. Precisamente por las intensas precipitaciones de aquel invierno el río bajaba aún con muchísimo caudal y no se podía hacer el rafting en esa sección; una alternativa es la sección baja (Bajo Trancura) con rápidos de grado 3 para un rafting más «familiar». Aunque esta alternativa puede sonar aburrida y poco excitante, hay la posibilidad de hacer hidrospeed en vez de rafting en esta sección, lo que aumenta la emoción, la adrenalina y las posibilidades de arrepentimiento, por lo increíblemente fría que está el agua en esta época del año.
El resto de días en Pucón combinaron varias excursiones más en la zona con días de relax en las numerosas termas naturales por las que es también conocida esta región de la Patagonia. En cuanto a excursiones, el Parque Nacional de Huerqueue es, seguramente, el que más opciones ofrece, si bien no pude explorarlo como se merecía porque la mayoría de senderos estaban cerrados, aún enterrados en nieve a mediados de octubre. El único que estaba abierto durante mi visita era el sendero de los Lagos, el sendero más accesible y que te lleva a los puntos más populares del parque, como el lago Chico, la cascada Trufulco, la laguna Toro y la laguna Verde, además de adentrarte por buena parte del camino en un precioso bosque de araucarias, el árbol nacional de Chile.


En cuanto a termas naturales, las más famosas son las Termas Geométricas, pero en mi caso opté por otras mucho menos turísticas, con más encanto y más frecuentadas por locales, como las Termas Los Pozones o el fantástico complejo de Pucón Indómito.
Bariloche
Tras una semana en Pucón cruzaba en autobús la frontera entre Chile y Argentina para, en principio, quedarme una semana en Bariloche. Finalmente fueron dos las semanas que me quedé en la capital de la provincia de Río Negro, y eso ya lo dice todo sobre mi estadía en Bariloche, donde pasé algunos de los mejores días de mi viaje por la Patagonia. Lo cierto es que como ciudad no tiene encanto ninguno, pero es su ubicación privilegiada, junto al lago Nahuel Huapi, lo que convierte a Bariloche en un pequeño paraíso rodeado de lagos, playas lacustres, montañas nevadas y bosques de postal.
Una de las primeras excursiones en la zona fue la del Cerro Tronador y el Ventisquero Negro. Este glaciar reconstituido es muy particular por su color negro, a causa de los desprendimientos de tierra que caen desde lo alto de otro glaciar situado montaña arriba. El ruido de los casquetes de hielo desprendiéndose son los que le han dado el nombre de «tronador» a un lugar fascinante que sobrecoge mucho más de lo que las fotos sugieren.
Puerto Blest es otro de los puntos turísticos de primer orden en los alrededores de Bariloche, como parte del mítico Cruce Andino entre Argentina y Chile. Puerto Blest tiene muy bien ganada su fama por la tremenda belleza del lugar: un rincón solitario en medio del Nahuel Huapi, rodeado de picos nevados, bosques húmedos, cascadas y playas lacustres. El glorioso día primaveral que puede disfrutar durante mi visita redondeó una excursión fantástica, que aún hoy me saca una sonrisa de oreja a oreja cada vez que revisito las fotos.

Uno de los planes que tenía entre ceja y ceja era el rafting del río Manso, conocido por ser uno de los mejores de la Patagonia, con tramos de rápidos nivel III/IV en un trayecto de unos 12 kilómetros que finaliza justo en la frontera con Chile. El rafting es emocionante, con tramos realmente muy movidos, tanto que un servidor acabó en el agua en uno de los rápidos. Además de la adrenalina y la aventura de una jornada de rafting en un entorno salvaje, las agencias suelen incluir al finalizar el rafting una comida en alguna de las fincas de la zona, en mi caso la maravillosa cervecería Patagonia Campestre, ubicada en un entorno de auténtico ensueño.
Te decía que una de las mejores cosas de Bariloche es el entorno privilegiado en el que está. Son numerosos los lugares alrededor de la ciudad y a lo largo de la ribera del Nahuel Huapi que merecen la pena, la mayoría repartidos a lo largo de lo que se conoce como Circuito Chico: la Península Llao Llao, el Cerro Campanario o la Colonia Suiza. Más lejos discurre la ruta de los 7 lagos, otro plan típico de la zona que recorre parte de la carretera 40, pasando por los siete lagos más grandes de la zona: el Correntoso, Espejo, Escondido, Villarino, Falkner, Hermoso y Machónico. Aunque son muchas las agencias que ofertan esta excursión, creo que es buena idea alquilar un coche para hacerla a tu aire, y aún mejor si pasas alguna noche en algún punto medio de la ruta, como Villa La Angostura o Villa Traful.

El Calafate
Con algo de pena pero también excitación marchaba de Bariloche para poner rumbo a El Calafate. Aunque me hubiese gustado alargar aún más mi estancia en Bariloche, me esperaba el plato fuerte de mi viaje, el glaciar Perito Moreno.
Era mucho el tiempo que llevaba queriendo visitar el Perito Moreno y la visita no solo cumplió con todas mis expectativas sino que las sobrepasó: creo no exagerar si digo que el Perito Moreno es uno de los lugares más bellos y grandiosos que he tenido ocasión de ver. Lo salvaje y espectacular del paisaje contrasta con lo tremendamente fácil que resulta la visita al lugar, gracias a unas pasarelas de madera que te acercan a casi un palmo de las paredes de hielo del glaciar.

Pero eso no es nada comparado con la caminata sobre el glaciar. El trekking del Perito Moreno, ya sea en cualquiera de sus dos modalidades -mini-trekking o Big Ice- es la joya de la corona de mi viaje y de la mayoría de turistas que vienen a la Patagonia. La emoción y el estado alucinatorio en el que te sume caminar sobre hielo milenario, en un entorno como este, es una experiencia única e irrepetible, de las que hay que experimentar al menos una vez en la vida.
Cerca de El Calafate hay otros muchos glaciares por visitar. La cercanía de El Parque Nacional de los Glaciares hace de esta ciudad de pioneros un perfecto campo base para explorar glaciares como el Viedma y el Upsala, sin duda menos espectaculares e impactantes que el Perito Moreno, pero que bien merecen la pena una visita si te quedas en la zona unos días más.
No muy lejos de El Calafate también están dos puntos míticos del trekking en la Patagonia: El Chaltén, la capital del trekking de Argentina y con excursiones tan populares como la del Monte Fitz Roy o el Cerro Torre. Aún más cerca queda el Parque Nacional de Torres del Paine, aunque para llegar al punto de partida de los trekkings de la zona -Puerto Natales- haya que dar un buen rodeo.
Ushuaia y Tierra del Fuego
Las vicisitudes de mi viaje hicieron que no pudiera ir ni a Torres del Paine ni a El Chaltén, quedando pendientes para un futuro viaje por la Patagonia. Por contra, fue Ushuaia donde decidí pasar la última semana de mi viaje. El Calafate y Ushuaia están bien conectados por avión gracias a Aerolineas Argentinas, y un cómodo vuelo de apenas dos horas me dejaba en la mítica Tierra del Fuego, región descubierta por primera vez por Magallanes (de hecho, fue quien bautizó a este territorio con ese nombre) y escenario también de momentos clave en la vida de otras figuras históricas, como Fitz Roy o Charles Darwin.
Al contrario que Bariloche, Ushuaia no solo destaca por su ubicación maravillosa, sino por ser una ciudad con bastante encanto. El centro histórico está repleto de cafeterías, restaurantes y todo tipo de tiendas de material outdoor, mientras que la zona portuaria tiene paseos y costaneras por las que es un auténtico gozo pasear. La oferta turística se completa con todo tipo de alojamientos modernos y no demasiado caros, la mayoría renovados en los últimos años.

Aún así, lo mejor de Ushuaia está en sus alrededores: el faro Les Eclaireurs, el glaciar Vinciguerra, la Laguna Esmeralda y el Parque Nacional Tierra del Fuego son las excursiones clásicas que no debes perderte si te aventuras por estos lares, pero hay otros planes no tan populares e igual de recomendables, como seguir la ruta escénica hacia Puerto Almanza y la Estancia Haberton, a la postre una de mis excursiones favoritas del viaje, conduciendo por parajes de una belleza marciana y surrealista y, probablemente, uno de los lugares más mágicos del mundo para fotografiar.
Tras cinco días en Ushuaia ponía fin a mi viaje por la Patagonia y ponía rumbo a Buenos Aires, donde, entre otras cosas, vería la ciudad estallar de alegría con la victoria de la selección Argentina en el mundial de Qatar, pero esa es otra historia totalmente distinta que contar.
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